Nota Pagina 12, Humor de Perras

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VIERNES, 25 DE AGOSTO DE 2006

TEATRO › “HUMOR DE PERRAS”, UN STAND UP PROTAGONIZADO POR MUJERES

“Esto es menos egocentrico”

Thelma Demarchi, Véronica Lorca, Mónica Ogando y Nora Schiavoni apuntan que el espectáculo que hacen en La Plaza no sólo tiene diferencias de género, sino también en el modo de estructurarlo.

Por Oscar Ranzani
El stand up comedy, territorio explorado en su mayoría por los hombres, ahora es motivo de un espectáculo protagonizado por cuatro actrices que buscan imprimir su sello respetando el género: Thelma Demarchi, Véronica Lorca, Mónica Ogando y Nora Schiavoni interpretan Humor de perras en el Terraza Teatro Bar de La Plaza (Corrientes 1660), los viernes a las 23. Los textos –escritos por las intérpretes– proponen un humor de reflexión y opinión sobre temáticas comunes a ambos géneros como el sexo, la maternidad, la estética, la edad, la pareja y la religión. Sin llegar a construir personajes, cada una ejercita una mirada y la sumatoria construye personalidades muy diferentes que exageran las propias: está la visión de la mujer casada, la que está en concubinato y todavía no tiene familia formada, la soltera que está feliz de serlo y la que tiene otro tipo de sexualidad. Lejos de embanderarse en un manifiesto feminista, el acierto de Humor de perras radica en la mirada del vínculo entre ambos sexos. Según comenta Demarchi, la idea fue “hacer un espectáculo que tuviera que ver con el stand up, pero rompiendo un poco el formato que tiene la mayoría de estos espectáculos”.

–Una de las características es que interactúan entre ustedes, no presenta cada una sólo su parte. ¿Por qué lo pensaron así?

V. L.: –Somos mujeres y tenemos otro tipo de verbalidad. Le dimos una forma que tiene que ver más con lo teatral. Estamos las cuatro en escena y, si bien cada una tiene su monólogo, van siendo como picaditos entre cada una con los temas que veníamos hablando o no.

N. S.: –El stand up es bastante masculino en su forma de armarlo, de decirlo y, entonces, también nos pasaba que teníamos ganas de poner todo lo otro con lo que venimos. Somos actrices, hemos hecho personajes y, si bien el formato sigue siendo stand up, queríamos poner estas herramientas en juego y tener la concepción de grupo. El stand up es demasiado individual y egocéntrico y está esa cosa de “cuántas risas o aplausos tuve yo”. Por lo menos en los tradicionales, no hay una concepción de espectáculo total. Esto de juntarnos y trabajarlo tiene que ver más con una concepción donde todo el espectáculo sea bueno y no una, o cinco minutos de un show.

M. O.: –Todos los espectáculos son estructurados: termina un monologuista y viene otro. Acá juegan dos discursos simultáneos: el del monologuista y el de la situación. Hay una situación mínima aunque no sea dramática, pero que está determinada por el personaje de cada una, que es muy estereotipado. Eso hace que el texto de la que está hablando condiciona una reacción de la otra. Eso lo hace mucho más rico.

–¿Cómo seleccionaron los temas?

N. S.: –Sin que fueran personajes, la idea era que cada una tuviera una actitud desde donde se escriben los textos. En un solo tema las cuatro damos una opinión. Pero como estamos paradas en lugares distintos, también es interesante. Además, hay una diferencia generacional. No es lo mismo lo que pueda decir Thelma que lo que pueda decir yo o Verónica.

M. O.: –Mi definición del humor es que es una venganza inteligente. Hablo de lo que me quiero vengar. Básicamente hablo mucho del tema de la religión. Con el humor me quiero vengar de la estupidez, del Vaticano y de un montón de cosas con las cuales no estoy de acuerdo y que son estúpidas y retrógradas. Hay temas más livianos pero que también son necesarios, porque dan frescura a una temática. Si no sería todo demasiado denso.

–En la Argentina el stand up es un género abordado más por los hombres. ¿Esto las condicionó? ¿Por qué creen que se da?

N. S.: –Yo creo que se da porque el stand up tiene una connotación masculina desde cómo se hace. De alguna manera, el armado de los textos no tiene que ver con esta cosa más narrativa, explicativa, poética y de tanta adjetivación que tenemos las mujeres. Es como una información más precisa y el remate o el chiste.

V. L.: –La mayoría de los que hacen humor son hombres. No hay tantas mujeres, en cualquier estilo de humor. En los talleres también eran mayoría de varones y por ahí tenías una compañera. Nos pasó de ir encontrándonos y decir: ¿por qué no hacemos uno nosotras?

N. S.: –De un hombre se ríen más fácil. Cuando se trata de una mujer, el público dice “Uhmmm, a ver si me hacés reír”. Son más exigentes. Cuando se para un tipo a hacer humor puede hacer chistes más o menos, y la gente se ríe. Si el mismo chiste lo dice una mujer, no se ríen igual.

V. L.: –Nos condiciona en tanto y en cuanto tenemos que explicar: “Ojo, los hombres también pueden venir y pasarla bien”. Y si vas ver un espectáculo donde son todos hombres, nadie aclara: “Ojo que las chicas también pueden pasarla bien”. Sin embargo, la pasan bien todos en cualquiera de los dos. Seguramente un tipo va a hablar más de las cosas que le pasen a él y por ahí los tipos se sienten más identificados. Pero todas vivimos con tipos, salimos con hombres y tenemos amigos, padres, hermanos, tíos. Lo mismo pasa del otro lado: los muchachos se pueden sentir identificados porque tienen una novia, una madre, una hermana a la que le pasa lo mismo. O hablamos de cosas que nos pasan como seres humanos. No es sólo una cuestión de género.

–¿También buscan derribar prejuicios?

V. L.: –Nos reímos de los mandatos sociales. Con esta cosa que te quieren imponer de afuera, que tenés que estar divina, las publicidades que te tratan de pelotuda. Nos reímos mucho de dónde uno tiene que llegar y para qué. Hablamos de los prejuicios porque una vive rodeada de todo eso, tratando de cumplir con normas que, cuando te las cuestionás, te das cuenta de que son una pelotudez.